Yo me confieso, soy uno de esos que en medio del pico y placa 1.0 compró otro carro (no solamente por esa razón pues pertenezco a una familia de 4 personas, dos adultos y dos niños) y que ahora con la ampliación ha quedado con 4 días de “movilidad restringida” como pomposamente insinúan desde La Alpujarra.
Y lo digo directamente, para que no quede duda: Estoy en contra del pico y placa como solución a los problemas de movilidad y de contaminación que tiene Medellín. Me parece que esas son medidas de corto plazo que se van por las ramas y no enfrentan el problema de manera que efectivamente pueda ser solucionado.
Es cierto que el número de vehículos que circulan en el Valle del Aburrá excede por mucho la capacidad del sistema vial. Según cifras del Área Metropolitana hoy en día ruedan en estas calles más de 700 mil carros mientras hace 4 años eran 400 mil. Y durante el mismo período no ha sido construida ninguna vía arteria nueva, apenas algunas ampliaciones o modificaciones a las existentes y una que otra conexión de calles ciegas como la llamada, con una hipérbole propia de nuestra cultura, Avenida 34.
Mientras tanto la mayor parte de la ciudadanía se transporta en bus, respirando material particulado a chorros y yendo solamente a donde los transportadores le quieren llevar y su bolsillo alcanza, pues para la mayoría de la gente pagar más de 4 pasajes de bus al día, dos de ida y dos de regreso, es un lujo inalcanzable.
Y lo que ha pasado mientras tanto es que mucha gente hizo cuentas y con lo que pagaba en taxis y buses durante las horas de pico y placa podría llegar a comprarse otro carro. Viejo, sí, feíto quizás, pero útil. Ese segundo carro no es uno que se presente como un símbolo de estatus sino como un mero medio de locomoción, como una manera de suplir las carencias del sistema de transporte público y las limitaciones impuestas al carro particular. Y la ciudad pasó, en parte por eso y en mucha otra parte por razones que no vienen al caso (el abaratamiento de los carros nuevos y el ultra abaratamiento de los viejos, las mejores condiciones de la economía, etc) de tener 400 mil a tener más de 700 mil carros en sus calles. Frente a eso la medida del pico y placa, para mejorar la “movilidad” se ve como mucho menos que un paño de agua tibia, que no alcanza a tener ni siquiera sal, frente a una enfermedad terminal
Y ni qué hablar de la contaminación. La calidad del aire en Medellín es mala en muchos sectores. Hay investigaciones científicas que así lo demuestran, principalmente en el caso de lo niños más pequeños. Lo que ningún estudio demuestra directamente es que todo eso se deba única y exclusivamente a los carros particulares. A pesar de que hay una fuerte tendencia diferenciadora en los combustibles usados por los vehículos de transporte público frente a los particulares, la información científica disponible solo permite inferir que en general las substancias presentes en el aire que respiramos se deben al diesel y a la gasolina que consumen los 700 mil y más carros mencionados.
¿Cuánto de esa mala calidad del aire se debe al diesel, cuánto a la gasolina corriente, cuánto a la gasolina extra? No, lo que se sabe es que los combustibles que se comercializan en Medellín son de muy mala calidad y que los venden a precios que no se compadecen con esta característica. Dicho de otro modo, nos venden conbustibles del Tercer Mundo a precios del Primer Mundo, más un poquito. Nada más el sábado pasado (2 de agosto de 2008) en Estados Unidos era noticia que el galón de gasolina corriente había llegado a valer 3.89 dólares como promedio nacional. Eso es poco más de 7 mil pesos. En esa misma fecha el precio de referencia para la gasolina corriente en Medellín era de 7 mil 500 pesos.
Y de esa gasolina y ese diesel llenos de residuos que envenenan la calidad del aire que respiramos, de eso no dicen nada en la Alcaldía de Medellín pues para ellos ese no es el problema. Según su particular forma de ver las cosas, el problema es la contaminación y esta se debe a que hay muchos carros en circulación y a que estos expelen mucho smog. No relacionan, ni ningún medio de comunicación masiva ha resaltado esta contradicción, que si la razón para ampliar el pico y placa es la contaminación y no la movilidad, la manera directa de enfrentar el problema no es sacando carros de circulación sino mejorando la calidad de los combustibles que esos carros queman. Por lo menos en un primer acercamiento, parece exagerado inmovilizar los carros sin hacer nada por mejorar el combustible.
Claro que si se tiene en cuenta todo el asunto este del Metroplús y la decisión del Alcalde de optar por el gas como combustible, menos contaminante que el diesel y la gasolina, pero contaminante al fin y al cabo, frente a la posibilidad de tener un sistema con buses eléctricos (contaminación cero si la electricidad proviene de fuentes hídricas), toda esta argumentación se va al traste pues lo único que queda claro es que al frente del destino de la ciudad (o sea de los ciudadanos) están unas personas que no tienen la capacidad para tomar las decisiones apropiadas para solucionar los problemas que esta enfrenta o, peor aún, que sí son unas personas muy capaces pero que tienen una agenda oculta que no nos permiten entender las contradicciones entre su discurso y sus acciones.