Una cosa es el Centro de día y otra muy diferente de noche. Hasta ahí nada nuevo. Sin embargo, lo extraño es que esta noción, la primera que aprende cualquier persona en sus lecciones de superviviencia básica en esta ciudad, parece ser igual para las autoridades municipales.
Ya sabemos que hay un imaginario de la ciudad diurna y otro de la ciudad nocturna; en la noche los lugares cambian de uso y significado, y la forma de recorrer las calles es diferente. Es casi como si en las noches estuviéramos en otra ciudad, en una en que la acción estatal se limita a los semáforos, de los que una de esas nociones básicas de superviviencia dice que se deben ignorar en ciertos cruces y después de ciertas horas, y a unos pocos policías. Los mecanismos de control social del día no funcionan en la noche y las calles que a la luz del sol están repletas de gente que va y viene, que trabaja o que simplemente lolea, en las noches son los parajes más tenebrosos de esta ciudad en los que casi ninguno de los habitantes de la ciudad diurna quiere estar. Ese puede ser uno de los principales obstáculos para que el Centro crezca como zona residencial, pero ese es otro tema.
Lo raro de todo esto es que el gobierno municipal, este y los anteriores, en mayor o menor medida parece que trabajara solo en horario de oficina y, más raro aún, cuando tiene algún plan de acción en la noche, como los que tiene ahora para los que llama habitantes de calle, lo presenta como si fuera mucha gracia y no como una obligación por muchos años incumplida y aún pendiente.
Publicado originalmente en Centrópolis el 12 de octubre de 2008.
