Igual ha sucedido en encuentros similares en los que, al discutir la problemática del Centro, sin desparpajo se oyen voces contra los distintos grupos sociales que comparten las calles. Las solicitudes para “echarles” la Policía a los vendedores ambulantes, los travestis, los negros o los protestantes, entre otros, están a la orden del día. Y si no se hace la solicitud expresa en público, al menos se insinúa y se buscan complicidades en voz baja entre los asistentes a esas reuniones. Pocos se animan a expresar en públicos sus prejuicios contra otros grupos sociales, pero en la calidez de la privacidad sí son muchos los que al menos cuentan un chiste de negros o de mujeres o de homosexuales, etcétera, para dar pie a su retahíla discriminatoria.
Hace un par de años, en una reunión de de comités cívicos del Centro, uno de los líderes allí presentes, sin ponerse colorado, propuso pedirle a las autoridades municipales que intervinieran en el Parque de San Antonio para de alguna manera controlar a los negros que volvieron ese sitio un punto de encuentro. La iniciativa fue rechazada por los otros asistentes a la reunión.
Según una encuesta reciente, la mitad de los habitantes de Medellín no quisieran tener a una lesbiana o un gay o un bisexual o un transexual como su vecino. La Personería tiene identificados a más de 20 colegios en los que la homosexualidad es sancionada con expulsión y además ha recibido varios reportes de personas que han sido descalificadas en procesos de selección laboral por sus preferencias sexuales. Seguramente si en la encuesta remplazaran la palabra homosexual por otras como las mencionadas arriba, las respuestas serían también aterradoras.
¿De dónde viene esta manía por querer que todos seamos iguales?, ¿por querer un Centro sin diversidad, en el que los grupos minoritarios son reducidos a un parque o una calle en particular en la que se les separa y excluye? ¿En qué piensan los que piden acción policial contra otras personas cuyo pecado es ser diferentes al imaginario público de lo paisa? Si precisamente los centros de ciudad y el espacio público son los lugares por excelencia para el encuentro con el otro, para el reconocimiento de los distintos grupos humanos que conforman una sociedad.
Hay un camino muy largo por recorrer para que como sociedad nos desarmemos de prejuicios y aprendamos a disfrutar de la riqueza de la diversidad.
Publicado originalmente en Centrópolis el 23 de noviembre de 2008.
1 comentario
Enero 31, 2009 a las 8:40 pm
Me parece triste incluso que a comienzos de siglo XXI sean necesarios comentarios del tipo “ser gay no es una enfermedad”, “los negros no son ni ladrones, ni asesinos, ni salvajes”, y podríamos continuar con un largo etc.
Espero que con el paso del tiempo, ser de color, gay, con menor poder adquisitivo, etc, sea como ser zurdo, y que con ese mismo paso del tiempo podamos decir palabras como Negro, Maricón, Pobre o Moro sin que nadie se sienta ofendido.
Yo personalmente uso esas expresiones porque sé que las digo sin más, como si dijera que tiene los ojos claros o el pelo largo… siempre por supuesto intento evitarlas si pienso que alguien puede sentirse ofendido. Lo ideal es que nadie se sintiera ofendido porque nadie lo dijera con maldad.
Yo tambien digo NO a la igualdad. No somos iguales, pero todos valemos lo mismo.
Un saludo y ánimo con el blog!